Si cuando yo no esté
alguien por mí pregunta,
respondedle: Se fue
una hermosa mañana, acompañado
del canto de los pájaros,
de una lluvia muy fina,
sin perder la sonrisa.

Decidle cuánto amé calladamente,
por qué dejé al abrigo de los ojos
de Dios toda mi vida,
cómo se fue extinguiendo entre mis labios,
muy lentamente, el don de la palabra.

Decidle que yo tuve por costumbre
ser fiel a mis promesas;
que, a veces, por fatiga
me despojé de mi íntima ternura,
pero que en la secreta fragua
del corazón sólo forjé las armas
del perdón y la paz.

Decidle que una música divina
acarició mis penas,
que nada se medio
sin esfuerzo en la vida, don gratuito.
Y que no siempre es fácil ver la luz.

H. José Luis Vallejo
Alicante, 20 de marzo de 2006