| Si cuando yo no esté alguien por mí pregunta, respondedle: Se fue una hermosa mañana, acompañado del canto de los pájaros, de una lluvia muy fina, sin perder la sonrisa. Decidle cuánto amé calladamente, por qué dejé al abrigo de los ojos de Dios toda mi vida, cómo se fue extinguiendo entre mis labios, muy lentamente, el don de la palabra. Decidle que yo tuve por costumbre ser fiel a mis promesas; que, a veces, por fatiga me despojé de mi íntima ternura, pero que en la secreta fragua del corazón sólo forjé las armas del perdón y la paz. Decidle que una música divina acarició mis penas, que nada se medio sin esfuerzo en la vida, don gratuito. Y que no siempre es fácil ver la luz.
H. José Luis Vallejo |