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— Comunidad marista de Bugobe: sus últimos días y su muerte — |
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| Vivían en un barracón, construido con planchas de madera y con un tejado de chapa. El interior estaba separado por plásticos de la misma calidad que aquellos con que estaban hechas las tiendas de los refugiados de los campos, facilitadas por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). La vivienda constaba de siete pequeñas habitaciones, una capilla, un comedor, un pequeño cuarto de aseo y dos duchas. También había un pequeño espacio para almacén. Este barracón había sido construido por los Hermanos ruandeses durante los años 94-95, al empezar a trabajar con los refugiados. Detrás de la casa había un pozo para recoger las aguas residuales de unos 12 metros de profundidad. | |
| Dentro del pequeño poblado de Bugobe y a unos 200 metros de los Hermanos vivían doce religiosas ruandesas que trabajaban con los refugiados. | |
| A las diez de la mañana los sacerdotes que vivían con los Hermanos y las religiosas de Bugobe abandonan el poblado. | |
| Ese día, por la mañana, escribe Miguel Ángel en su diario: «Me levanto. Veo que Servando está más sereno y tranquilo. Escucho radio FRI. Me voy a orar un rato... me pasan la epístola del día y me dicen que la lea (Ef 6, 10-20): "Fortaleceos en el Señor..." Tenemos la eucaristía y desayunamos... Se oyen los bombazos, con frecuencia de minutos y bastante cerca, más o menos como ayer. Son armas pesadas.» | |
| Por la tarde escribió lo que había hecho por la mañana y después de comer: «Llegamos al campo y vemos que todo el mundo está huyendo con rapidez... Sigo contemplando el éxodo de más de ciento veinte mil ruandeses de Nyamirangwe y de Kovogovo. Desolador, desolador. Saludo y digo adiós a muchos conocidos... Todos se han marchado. Hacemos una oración juntos y luego consumimos el Santo Sacramento... Comemos y me voy a dormir la siesta... Son las tres de la tarde y el ambiente parece bastante tranquilo. Las monjas se han ido. Los sacerdotes también. No queda más que la población local.» | |
| No se sabe el número de milicianos que asaltaron la casa de los Hermanos, el 31 por la tarde. El mismo día, hacia las 20 horas algún vecino oyó gritos en la casa de los Hermanos, ruido de vajilla, gemidos y la expresión: «Señor, Señor, ten misericordia, que nos matan.» | |
| Se oyeron tres disparos seguidos. Luego más disparos, y finalmente otro. Parece que fueron unos seis disparos en total. Los vecinos huyeron de sus casas para esconderse en el monte. | |
| Se puede afirmar que tres de los Hermanos fueron asesinados en sus habitaciones respectivas y uno de ellos en la capilla. Las manchas de sangre están localizadas en esos lugares. Los campesinos del lugar, cuando pasaban junto a la casa, en dirección al molino, por la ventana de la habitación de Miguel Ángel vieron sangre. | |
| Tres días después las milicias abandonaron el barracón y lo dejaron desvalijado. | |
| El día 8 de noviembre se acercan a Bugobe los Hnos. Pedro Arrondo y José Martín Descarga y les muestran el lugar donde pueden estar los cuerpos de los Hermanos. Se encuentran en el pozo de las aguas residuales a bastantes metros de profundidad. Con una antorcha aciertan a ver dos cuerpos sin vida, pero no los pueden identificar. | |
| El día 14 de noviembre por la mañana se recuperaron los cuatro cuerpos. La tarde de ese día fueron enterrados en el cementerio de los Hnos. Maristas, en el noviciado de Nyanguezi. | |
| Una fosa única y amplia, recoge y guarda alineados, uno al lado del otro, los cuerpos de Julio, Servando, Miguel Ángel y Fernando. Cuatro cruces de madera, con el nombre de cada uno, se levantan como testigo de este nuevo relicario marista de fidelidad a Dios y de entrega a los demás. | |
| Hay una razón clara de su muerte: el haber optado por quedarse en el campo dispuestos a seguir ayudando a los refugiados, aceptando el riesgo de ser asesinados. | |
| Los cuatro Hermanos no han sido, por desgracia, los únicos asesinados; también lo han sido decenas de campesinos zaireños que no estaban comprometidos con la guerra; en Bukavu ha sido asesinado el Arzobispo, y en Goma tres sacerdotes y tres religiosas. | |
| Los cuatro Hermanos y todos aquellos que han entregado su vida por ayudar a esta gente desplazada y sin saber a dónde dirigirse, han sido capaces de amar hasta el extremo, hasta el final. Su servicio y su entrega les era más querido que su propia vida. | |
| El Hno. Miguel Ángel lo intuyó unas semanas antes de su martirio: «Ahora soy mucho más consciente de la realidad en que estoy metido y a veces aflora a mi consciencia un miedo sordo, como chispas vivas y fugaces. De todos modos sé bien de quién me he fiado y voy con alegría a mi refugio... Este mundo no es el mío, hay demasiada abundancia y allí demasiada necesidad, pero el hombre allí es más hombre...» |
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