Cartas del año 1836

    El año 1836 fue, probablemente, el más feliz para el P. Champagnat.  Roma aprueba la Sociedad de María.  El Instituto de los Hermanos, superada la amenaza del servicio militar (gracias al entendimiento con los Hermanos del Sr. Mazelier –que terminarán uniéndose a los HH. Maristas–), puede mirar el futuro con suficiente confianza.  Se abren nuevas escuelas, abundan las vocaciones, y ya se piensa en imprimir la Regla.
    Con todo, el reconocimiento oficial de la congregación se dilata, a pesar de los esfuerzos del Padre  Champagnat.  Tiene 47 años y su salud comienza a debilitarse.

Carta 65
1836, 8 de mayo - Al Sr. François MAZELIER, Superior de los Hnos. de la Instrucción Cristiana.
Para confiarle cuatro Hermanos y proponerle una colaboración más estrecha en adelante.
El Padre Champagnat deberá confiar, cada año, al Sr. Mazelier sus Hermanos de 20 años, si no quiere correr el riesgo de verlos marchar al servicio militar para 7 años, o bien pagar una fuerte suma para que algún joven se comprometa a hacerlo en su lugar. Por eso se comprende fácilmente el gran interés que tiene por el proyecto de fusión de las dos Congregaciones y ya comunica a su cohermano las noticias importantes del Instituto.
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V. J. M. J.
Notre-Dame de l’Hermitage, 8 de mayo de 1836.
Sr. Superior:
   Un año más acudimos para pedir que ayude a los cuatro Hermanos que le envío.  Sin el servicio que usted nos presta, estos cuatro Hermanos estarían en verdadero peligro.  Me siento obligado a atenerme a las condiciones que hemos aceptado.  De verdad que nos presta usted un servicio muy grande.  Espero que algún día podamos devolvérselo.  Si tiene usted alguna deuda con los libreros de Lyon, yo la abonaré.  Mientras tanto, le envío trescientos francos.
   No necesito hacerle ninguna recomendación sobre los Hermanos que le envío.  En todos los aspectos, estarán mejor en sus manos y en su casa que con nosotros.
   Sigo creyendo que nuestras dos instituciones pueden caminar juntas, que las reglas son prácticamente las mismas.  Su diócesis no perdería nada.  Estableceríamos, bajo su autoridad, un noviciado donde podríamos enviar enseguida cierto número de novicios.  Tenemos necesidad de hacerlo, pues nuestra casa está demasiado llena en este momento.  Los Hermanos formados en ese noviciado serían destinados a los alrededores, según la necesidad, lo que evitaría gastos de viaje.  Las solicitudes que nos llegan de su región se verían atendidas antes y con más facilidad y, bajo su supervisión, no harían más que prosperar.  De esta manera, La Voulte, Mondragon, Laries, Mèze, etc. que nos dirigen insistentes peticiones, serían rápidamente atendidas.  Que en todo esto, se haga la santa voluntad de Dios.  Con esta unión, que me parece factible, sólo procuraríamos la gloria de Dios y extender la adecuada instrucción.
   Por lo que se refiere a nuestra autorización, no tardaremos en tenerla; al menos, esto es lo que esperamos; una vez más, todo está en manos de Dios.
   Acabamos de recibir la autorización del Soberano Pontífice y nos hacemos cargo de la misión del norte de Polinesia, a donde enviamos cinco de nuestros Sacerdotes y dos de nuestros Hermanos.   Encomendamos encarecidamente esta misión a sus fervorosas oraciones.
   Le enviaría al Hermano Justin, pero no ha podido recuperarse del todo; lo hemos enviado a tomar los aires.  En cuanto al Hermano Apollinaire, puede usted considerarlo como a sus órdenes, pero ya sabe en qué situación se encuentra.
   Señor y muy digno pastor, reciba la seguridad de la gratitud con la que tengo el honor de ser su muy humilde y respetuoso servidor,

Champagnat     

P. S.  Las propuestas que le hago vienen de parte del Sr. Colin, Superior General de la Sociedad de María.   Le ruego transmita mis mejores saludos a su Sr. Vicario y al Sr. André.

Carta 66
1836, a principio de julio - Al Sr. François MAZELIER, Saint-Paul-Trois-Châteaux, Drôme.
Proyecto de fusión de las dos congregaciones.
A consecuencia del P.S. de la carta precedente, el Sr. Mazelier debió escribir al Padre Colin, superior General de la Sociedad de María, que le responde con palabras favorables a la fusión. Poco a poco se van acercando posiciones.
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Señor:
   El Superior General de la Sociedad me ha comunicado el proyecto de unión del que usted le había hablado y que yo mismo rumiaba desde hace mucho tiempo.  Después de haberlo estudiado juntos, hemos creído que esta unión redundará en la mayor gloria de Dios y en bien de la religión.
   Ambos tenemos el mismo fin, la educación cristiana de los niños y, para conseguirlo, empleamos los mismos medios con muy pocas diferencias.
   El nº 8 de su Prospecto, en el que usted rechaza destinar a un Hermano solo, aceptando luego esa posibilidad para lugares muy cercanos de un lugar importante de su congregación, nos parece de acuerdo con este enunciado de nuestros estatutos: «Aunque los Hermanos no van nunca menos de dos, se podrá establecer una casa central desde la que se desplazarán de uno en uno hacia los municipios cercanos».  Una vez obviado este obstáculo principal, creo que nos entenderemos con bastante facilidad sobre los demás artículos de su Prospecto, que hemos leído con mucha atención. Pero no desciendo a los detalles, porque confío que tendremos una entrevista que facilitará nuestras explicaciones.  En cuanto a la dificultad que usted ve para el mantenimiento de nuestra sociedad por lo módico de los salarios que exigimos, la creo resuelta por una experiencia de cerca de dieciocho años que, como sabe usted bien, no han sido los menos difíciles.  Por otra parte, además del gran recurso de la Providencia, que nunca nos ha faltado, en las aportaciones de los numerosos internos de varios de nuestros centros encontramos recursos para los que están menos favorecidos, ventaja que no tienen los Hermanos de las Escuelas Cristianas.  Por otra parte, las pequeñas cesiones, que los Hermanos hacen de sus bienes a la casa madre, son un suplemento casi suficiente para el déficit que presentan los miembros que no pueden pagar el noviciado.
   Me quedo aquí, por ahora, en este primer contacto.  Mañana salgo para Lyon.  Será para mí un placer cumplir el encargo que usted me ha hecho.
   Reciba la seguridad de los respetuosos sentimientos con los que tengo el honor de ser, señor, su muy humilde y afectísimo servidor,

Champagnat    


Carta 67
1836, 28 de agosto - Al Hno. FRANÇOlS.
Para comunicarle su llegada a París y hacerle algunas recomendaciones.
El 24 ó 25 de agosto, en compañía de Mons. Pompallier y del Padre Chanut, que van a arreglar los asuntos de su viaje a Oceanía, el Padre Champagnat se dirige a París con la esperanza de arrancar al gobierno la última firma para la autorización de su Congregación. Lleva una carta de recomendación de Mons. Gaston de Pins, escrita en Lyon el 24 de agosto de 1836, y dirigida a Su Excelencia el Sr. Pelet de la Lozère, Ministro de Instrucción Pública: «Señor Ministro, la noble Institución de los Hermanitos de María lleva mucho tiempo esperando ser aprobada. Son Maestros de primaria, dignos del más vivo interés. Realizan un bien inmenso entre la juventud rural. Inspiran a sus alumnos la moral con el mismo acierto que la instrucción, que extienden en los municipios rurales y aislados, y, sólo por esto, prestan ya inmensos servicios a la sociedad. El Consejo Real de Instrucción Pública ya ha aprobado sus estatutos, el 28 de febrero de 1834, con ligeras modificaciones que los Hermanitos de María han aceptado. Nada se oponía, pues, a su autorización. Sin embargo, el correspondiente decreto no ha sido concedido; y es para solicitarlo por lo que el sacerdote Sr. Champagnat comparece ante Vuestra Excelencia; ruego lo acoja con bondad; su celo ardiente por el Instituto de los Hermanitos de María, al que se ha consagrado por entero desde hace muchos años, los éxitos que ha conseguido y su perseverancia en una obra tan difícil y al mismo tiempo tan útil para el público, lo hacen digno de este favor y de obtener la autorización que es objeto de sus deseos y de los míos en bien del interés general. 
Tengo el honor de ser, etc. »

Al día siguiente de su llegada, el Padre Champagnat redacta ya la carta siguiente para el Hno. François, pero dirigida también a todos los Hermanos del Hermitage.

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V. J. M. J.
Desde París, 28 agosto de 1836, en el Seminario de las Misiones Extranjeras, Rue du Bac, nº 120
Muy querido Hermano:
   Después de tres días y tres noches de marcha (1), hemos llegado a París, con salud y decididos a intentarlo todo para llevar cada uno sus asuntos a buen puerto.  He hecho el camino sin haber sufrido, como me temía, los dolores que experimento de ordinario, gracias sean dadas a Jesús y María.
   Nos alojamos en el Seminario de las Misiones Extranjeras.  El digno Superior de esta casa nos ha recibido con admirable bondad.  Tenemos las habitaciones contiguas.
   ¡Cuánta necesidad tenemos de las oraciones de toda la casa!  Me temo mucho que no lograremos nada, pues el Gobierno ha cambiado (2).  No sé si el nuevo nos será favorable.  Mons. Pompallier espera tener una entrevista con el Rey y la Reina.  Si puede, hablará al Rey de nuestro asunto.
   No se preocupe por mí, estoy muy bien.  El pueblo de París me parece muy educado; no nos han dirigido ninguna palabra maleducada.  Le escribiré en cuanto haya hecho alguna diligencia para tenerle al corriente de todo.
   Le recomiendo que se preocupe mucho de que no ocurra nada contra la disciplina.
   Diga a los Sres. Servant, Matricon y Besson cuánto espero de su Santo Sacrificio y de ellos para la alta supervisión.  Para los asuntos complicados, pida su consejo y el de los queridos Hermanos Jean-Marie y Stanislas.
   Hay que acelerar todo lo posible las obras de la capilla (3); que nada se eche a perder. Entiéndase bien con los Sres. Matricon, Besson y los Hnos. Jean-Marie y Stanislas.
   Pido, sobre todo, que nadie se quede sin hacer nada.  Prepare todo para las vacaciones, ignoro cuándo regresaré de París.  Creo que me quedaría con mucho gusto, todo parece muy tranquilo.
   Aquí va la dirección por si tiene que escribirme.
   Reciban todos la seguridad del tierno afecto con el que tengo el honor de ser, queridos Hermanos, su muy adicto y afectuoso Padre en Jesús y Maria,

Champagnat,   
Superior de los Hermanos.   

En París, desde el Seminario de las Misiones Extranjeras, Rue du Bac, nº 120.

Notas a la Carta 67.
(1)  En diligencia.
(2)  El 25 de agosto caía el Gobierno de Thiers, formado el 22 de febrero anterior. El Padre Champagnat no ha podido saberlo hasta llegar a París. El siguiente Gobierno no se formará hasta el 6 de septiembre y el Ministerio de Instrucción Pública ya no será confiado a Pelet, sino a Guizot (que le negará una y otra vez el reconocimiento oficial a la congregación).
(3)  Se estaba acabando la construcción de la nueva capilla, en el emplazamiento de la actual. El Padre quería que estuviera terminada para el retiro.

Carta 72
1836, 4 de noviembre - Al Sr. François MAZELIER.
Invitándole a pasar por el Hermitage para hablar personalmente del proyecto de fusión.
Habiendo sabido que el Sr. Mazelier debe hacer un viaje a Lyon, el Padre Champagnat le invita a pasarse por el Hermitage para hablar con él sobre diversos asuntos de los que el proyecto de fusión no es el menos importante.
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V. J. M. J.

Notre-Dame de l’Hermitage, 4 de noviembre de 1836.

Señor y dignísimo Párroco:
   Si viene usted a Lyon, le insto a pasarse por nuestra casa, porque, además de lo que le debo, tengo muchas cosas más que tratar con usted.  Le agradezco los favores que nos hace.  Suplico al Señor que se digne premiárselos.
   Acabo de llegar de St-Didier-sur-Challaronne (Dombe, diócesis de Belley) donde he visto al Señor Obispo de Belley que me ha pedido noticias suyas.  Parece ser que vería con buenos ojos que nos uniéramos y trabajásemos de común acuerdo.  Sus estatutos son casi como los nuestros; usted tiene lo que nosotros no tenemos y nosotros tenemos lo que a usted le falta.  En todo esto sólo busco, lo mismo que usted, la santa voluntad de Dios.

   Le agradezco la botellita, que me ha hecho mucho bien, aunque la he usado poco.

   Seguimos recibiendo muchos novicios.  No queríamos hacer este año ninguna nueva fundación y ya nos han arrancado cinco escuelas, dejando aún descontentos a muchos, Dios sea por ello mil y mil veces bendito.
   Cuento mucho con sus fervorosas oraciones.
   Reciba la seguridad del afecto y entrega con los que tengo el honor de ser, Señor Párroco, su muy humilde y obediente servidor.

Champagnat,   
Superior de los Hermanos.