| Cartas de la primera época (1823-33) | |
|
|
|
| En los inicios, el P.
Champagnat no mantuvo una correspondencia muy abundante; tampoco había organizado
archivos en los que guardar copia de sus cartas y documentos. No obstante, se
conservan 33 cartas, 10 de ellas van dirigidas a los Hermanos. En ellas se
observa la paternal solicitud de Marcelino por la formación de sus Hermanos y el buen
funcionamiento de las primeras escuelas. He aquí algunas de esas primeras cartas. |
|
|
|
|
|
Carta 1 |
| 1823, 1 de diciembre - Al Hno. Jean-Marie GRANJON | |
| Para darle noticias de las escuelas que el P. Champagnat acaba de visitar. |
| El Padre Champagnat tenía, desde luego, varias razones para escribir al Hno. Jean-Marie. Después de haber abierto, el 2 de enero de 1822, la escuela de Bourg-Argental, se había marchado de repente, para irse a la Trapa, «dejando las dos clases, con 200 alumnos, a su ayudante de quince años» (Avit, Annales). Vuelto después de tres o cuatro semanas, se arroja a los pies del Padre para pedirle perdón. Este perdón fue tan generoso que en otoño de 1823 se le confió la apertura de la escuela de Saint-Symphorien-le-Château, hoy Saint-Symphorien-sur-Coise. El P. Champagnat le muestra de nuevo toda su confianza. | |
| Queridos hijos en Jesús y María: | |
| He esperado hasta hoy para escribirles a fin de poder darles noticias de todas las escuelas que he visitado la semana pasada. Todos están bien y se han sentido muy a gusto al saber noticias suyas. | |
| En Bourg-Argental, el hermano Michel trabaja muy bien; la escuela no va mal. Sin embargo, no tienen más que 90 alumnos, pero cada día llegan más. Siguen muy mal alojados; además, les han prohibido usar la huerta y esto era muy necesario (1). No estoy enfadado por ello. He hablado al Sr. Depleyné y al Sr. de Sablon; les he explicado que el edificio no se debería aceptar para la escuela, si se puede encontrar algo mejor para el futuro. Lo han prometido, no sé lo que harán. No se dan mucha prisa para pagar. | |
| Los asuntos de Boulieu van de maravilla. Ya hay más de cien niños. Me piden con insistencia un tercer hermano. Aún no sé a quién enviaré. El Sr. Párroco está muy contento. Me ha dicho que todas las noches sueña con nosotros, tal es su deseo de atraernos a su departamento y a su diócesis, haciéndome entrever grandes ventajas por parte del señor Duque de Vogué del que dice no ser más que el intérprete. Recemos a Dios para que nos haga conocer su santa voluntad; y llamémonos siempre sus siervos inútiles. | |
| El Hno. Laurent parece estar contento en Vanosc, pero los medios siguen siendo pobres. | |
| En St.-Sauveur, la escuela va creciendo, aunque el Hno. Jean-François ya no da clase; el Hno. Jean-François parece recobrarse algo y resignarse (3). Me molestó un poco que le hubieran dado ustedes una noticia que le afectaba. El Sr. Colomb, al ver llegar a tres hermanos, ya se imaginó el asunto y me lo escribió. Creo que, a pesar de la oposición de una y otra parte, ganaré el proceso. Pues durante mi viaje, expuse a la familia Colomb las razones que tenía para obrar así, en ausencia del Sr. Alcalde. Me pareció que estaban de acuerdo. | |
| Las cosas también van muy bien en Tarentaise. Los niños dicen que el Hno. Laurent era un buen tipo, pero que éste aún lo es más. Por lo que se refiere a Lavalla, parece que tendremos bastantes niños y bastantes pobres. Haremos, Dios mediante, todo lo posible para alimentarlos. | |
| Se presentan también muchos novicios, pero casi todos pobres y muy jóvenes. Sin embargo, tres tienen edad de juicio, pues ya han pasado de los treinta. Uno es hombre de negocios, otro zapatero y el otro hombre de nada. Pero con la nada ha hecho el Señor grandes cosas. | |
| Si necesitan un tercero (7), se lo podría enviar, si el Sr. Párroco me lo pide. | |
| Como me propongo escribirles de nuevo, termino y les aseguro que seré siempre con sumo gusto su afectísimo padre en Jesús y María. | |
| Lavalla, 1 de diciembre de 1823. | |
| Mis muy humildes respetos para el Sr. Párroco al que me propongo escribir. |
|
|
| Notas a la Carta 1. | |
| (1) Poder usar la huerta, algo que el Padre pedía en todas partes. Esto era muy conveniente en Bourg-Argental donde los Hermanos no estaban bien pagados. | |
| (3) Del cambio, que había aceptado de mala gana. | |
| (7) Un tercer Hermano. |
|
|
|
|
Carta 5 |
| 1827, mayo - Al Sr. Gilbert DURAND, Párroco de Neuville-sur-Saône, Rhône. | |
| Para acabar con una irregularidad contra la comunidad de los Hermanos. |
| Este texto pone de manifiesto la necesidad de seguir de cerca a los Hermanos. Muestra, además, con qué firmeza sabía intervenir M. Champagnat, incluso tratándose de un gran amigo. En efecto, nada tan peligroso para la naciente congregación como dejar que los abusos se instalen. | |
| Sr. Párroco de Neuville: | |
| Si en adelante no toma usted precauciones para con sus Hermanos, no los tendrá el año que viene. La vivienda que ocupan no les conviene a causa de sus servidumbres. | |
| Parece ser que el Sr. Tripier (3) no va a hacer salir de la casa a las muchachas que viven allí. | |
| No puedo consentir por más tiempo que sean inquietados por las jóvenes hasta en su propia vivienda. El Sr. Tripier no quiere cumplir la promesa que me había hecho de devolver a los Hermanos la parte que ocupan estas muchachas; tiene que anular las puertas y ventanas que dan al huerto de nuestros Hermanos. Espero ver uno de estos días al Sr. Cattet. Pienso hablarle seriamente de este asunto. |
|
|
| Notas a la Carta 5. | |
| (3) El bienhechor que proporcionó el local de la escuela y sostuvo a los Hermanos con su generosidad. |
|
|
|
|
Carta 14 |
| 1830, 21 de enero - Al Hermano BARTHÉLEMY | |
| Para animarle en su vocación de maestro de los más pequeños. |
| Esta carta del Fundador parece ser la respuesta a otra de felicitación de año nuevo del Hno. Barthélemy (Badard), algo que hará también al año siguiente. El P. Champagnat aprovecha la ocasión para animar al Hermano, mostrándole la nobleza de su vocación. | |
| Muy queridos Hermanos, Barthélemy y colaborador: | |
| Me he alegrado mucho al tener noticias suyas. Estoy muy contento de saber que están bien de salud. Sé también que tienen gran número de niños, o sea, que tendrán un gran número de imitadores de sus virtudes, porque sus niños se formarán según sean ustedes, según sean sus ejemplos así ajustarán ellos su conducta. ¡Qué importante es su trabajo y qué sublime! Están continuamente con aquéllos de los que Jesús hacía sus delicias, ya que prohibía expresamente a sus discípulos impedir a los niños acercarse a él. Y ustedes, mi querido amigo, no solamente no quieren impedírselo, sino que hacen todo lo posible para llevarlos a él. ¡Oh!, qué bien recibidos serán por este divino maestro, este maestro generoso que no deja sin recompensa un vaso de agua fresca. Digan a sus niños que Jesús y María los quieren mucho a todos: a los que son buenos por que se parecen a Jesús Cristo, que es infinitamente bueno, a los que aún no lo son, porque llegarán a serlo. Que la Santísima Virgen los quiere también, porque es la Madre de todos los niños que están en nuestras escuelas. Díganles asimismo que yo los quiero mucho, que nunca subo al santo altar sin pensar en ustedes y en sus queridos niños. ¡Cuánto me gustaría tener la dicha de enseñar, de consagrar de una manera más directa mis desvelos en formar a estos tiernos niños! | |
|
Todas las demás escuelas van bien. Recen por mí y por toda la casa. Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María. |
|
|
Champagnat, |
|
|
|
|
Carta 24 |
| 1831, noviembre - Al Hno, BARTHÉLEMY, Saint-Symphorien dOzon, Isère. | |
| Para concederle la autorización que ha debido pedir en su carta y animarlo a hacer frente a las dificultades con la ayuda de María. |
| ¡Que Jesús y María estén siempre con usted! | |
| V. J. M. | |
| Le autorizo, muy querido amigo, a recibir la sagrada comunión los domingos y los jueves, como indica su reglamento, y los martes, como usted me pide, pero este permiso sólo durará tres meses. Se lo concedo también al Hno. Isidore, pero sólo un martes al mes, el primero. | |
| Le prometo que en el primer viaje que haga a Lyon iré a verlos. Ánimo, amigo mío, basta con que tenga la voluntad de enseñar a un gran número de niños en compañía de su valiente colaborador. Aunque no tuviera ninguno, su recompensa sería la misma. No se inquiete por el escaso número de los que ahora tiene. Dios tiene en sus manos los corazones de todos los hombres y los enviará numerosos cuando lo crea oportuno, basta no oponerse con su infidelidad. Está usted donde Dios quiere que esté, pues está donde los superiores han decidido. No dudo de que el Señor se lo recompensará con abundancia de gracias. | |
| Diga siempre a sus niños que son amigos de los santos del cielo, de la Santísima Virgen y, en especial, de Jesús; que él desea sus tiernos corazones, que está celoso y que siente una gran pena si ve al demonio apoderarse de ellos; que estaría dispuesto, si fuera necesario, a morir de nuevo en la cruz en St-Symphorien mismo; ¡pobres niños! Dígales que Dios los ama y que yo también los quiero, ya que Jesús, la Santísima Virgen y los Santos los aman tanto. Dígales también: «¿Saben por qué Dios los ama tanto?, porque son el precio de su sangre y porque pueden llegar a ser grandes santos, sin demasiado esfuerzo, si lo quieren de verdad. El buen Jesús promete llevarlos sobre sus hombros para ahorrarles el trabajo de andar. ¡Qué desgracia es, hijos míos, que no lo conozcamos bien, sobre todo aquellos de entre ustedes que aprenden el catecismo con tanta desgana!» | |
| Haga con los pocos niños que tiene una novena sencilla en honor de la Santísima Virgen: cinco Pater y... En el Hermitage empezaremos hoy otra (2) por la misma intención, o sea por el éxito de todas las escuelas de la Sociedad. Escriba en los libros de sus niños: María, sin pecado concebida. | |
|
Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María donde los dejo. Mis saludos para el Sr. Párroco y su Vicario. |
|
|
Champagnat, sup. |
|
|
| Notas a la Carta 24. | |
| (2) La amenaza de una escuela abierta por el Sr. Françon provoca entre los Hermanos el temor de quedarse sin alumnos. | |
| Aunque su instrucción dejaba mucho que desear, ayudado por el Sr. Alcalde Farge, íntimo amigo suyo, y por otras personas que le favorecieron; abrió una escuela en su propia casa que estaba muy céntrica y le hizo una competencia muy fuerte a la escuela de los Hermanos. | |
| Los medios que empleó desde sus comienzos fueron: entregarse intensamente al estudio, pedir y hacer pedir a los padres el poder dar muchas horas de clase a sus alumnos, prolongar el horario escolar, dar muy pocas vacaciones. Los jueves, e incluso los domingos y fiestas de guardar, eran para él días de estudio y de clase, nada de descanso. Lo que para los demás hubiera sido motivo de fracaso lo fue para él de éxito. Mientras los Hermanos hacían el retiro y tenían un mes de descanso o se ausentaban, el pedagogo atraía hacia su escuela a los alumnos de los Hermanos y destruía la fama que éstos se habían ganado. | |
| Según escribe el Hermano Aubin, Director de la escuela de St-Symphorien dOzon, «La escuela de las Religiosas Ursulinas no salió mejor librada que la de los Hermanos. Este célebre magister, preparó en su propia casa un local para acoger a las chicas, a las que su esposa daba clase. A partir de ese momento, los dos se entregaron encarnizadamente a destruir las escuelas religiosas y a crearse un grupo de adictos. Sus esfuerzos y sus maquinaciones les proporcionaron grandes éxitos. Además de la escuela mixta de día, organizó otra nocturna para adultos de ambos sexos. Añadamos a todo esto que recibía también internos de las localidades vecinas, no muchos ciertamente, pero siempre demasiados para que se soportara que los dos sexos estuvieran juntos y durmieran en el mismo local. Vista la ley de enseñanza y la situación de esta escuela, no se podía tolerar tal estado de cosas, contrario a la moral, a la disciplina, a la higiene y hasta a las conveniencias sociales. Pues bien, nadie se atrevió a protestar, ni a oponerse, ni siquiera los cinco párrocos que se sucedieron en un lapso de trece años.» | |
| Los Hermanos, a pesar de ser testigos de esta situación, no podían hacer ni decir nada, pues se habría dicho que lo hacían por envidia y, además, no les hubieran creído; sólo podían gemir y callarse. |
|
|